Queda claro que el fútbol es una paradoja después de 37 jornadas. El Madrid depende de Javier Clemente, ese hombre poco afecto a la causa blanca. Y ésa misma, es la amenaza de un Barcelona que ganó en Tenerife dos ligas que dolieron tanto quizá cómo perder una en casa.
Así son estos partidos, tragicomedias de la victoria, que alegra a medio mundo y en la derrota a la otra mitad. Se hizo un balance que lo incluyó todo, menos la jornada que resta. Nos recuperamos de las emociones y los miedos. El miedo de tantas tardes se hará realidad la próxima jornada. Para algunos queda el susto, pero se desvanece el terror. Las gradas van notando la ausencia de la afición, se van cerrando, pero los sentimientos perduran. La vida se impone, pero no cambia el guión. Ahora lo aconsejable es, apagar la luz y seguir soñando...