Posiblemente, dentro de un tiempo, hablaremos a nuestros nietos de una noche como ésta y les diremos: "¡Que noche, la de aquel día!"
¡YA SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!
Lo conseguimos sufriendo hasta el final; porque se puede cambiar el destino, pero no es posible allanar los caminos. Cuando parecíamos condenados a los penalties, Inesta marcó el gol que nos condujo al cielo.
Hemos vencido por el fútbol, pero al mismo tiempo por la actitud, por el toque, por el tacto, por el talento y por el talante.
También se habló de la suerte, de ese ángel que acompaña a los equipos buenos y los hace aún mejores. Pero que nadie piense que esa flor es salvaje, las flores de la suerte se cultivan; y esta selección tiene invernadero.
Estamos unidos, juntos y felices en este país tan particular. Nos encontramos por una vez atentos a lo que nos hermana y nos hace coincidir. Y si eso lo ha logrado el fútbol, sólo se puede decir:
"¡Que viva el fútbol!"

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